lunes, 7 de noviembre de 2011

MENSAJE DE TRIBULACION, TRIBULACIONES Y GRANDES TRIBULACIONES 002

MENSAJE DE TRIBULACION, TRIBULACIONES Y GRANDES TRIBULACIONES

¿Capitulo 7 habla de la GRANDE TRIBULACION?

 

 

“Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero.  Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono, y de los ancianos y de los cuatro seres vivientes; y se postraron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios,  diciendo: Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Entonces uno de los ancianos habló, diciéndome: Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido?  Yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero.  Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos.   Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno; porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos.”

(Apocalipsis 7:9-17 RV1960)

 

Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más.  Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.  Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.  Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.

(Apocalipsis 21:1-5 RV1960)

 

Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero.  En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán,  y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes.  No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos.

(Apocalipsis 22:1-5 RV1960)

 

 

 

 

 

¿QUIEN ES LA MULTITUD?

 

Mi opinión es la misma de hace un par de años atrás cuando apenas estudiaba este libro: que los dos grupos son en esencia el mismo (me refiero a los 144.000.- y a la gran multitud, pero en ocasiones temporales diferentes.

 

En esto coinciden muchos comentaristas. Los que no opinan así, destacan las aparentes diferencias que hay entre los dos grupos:

 

Diferencia 1. Algunos insisten en que el primer grupo está compuesto de judíos; mientras que el segundo, de gentiles. Sin embargo, es prudente que subrayemos que los 144 000 representan al Israel espiritual, la iglesia —y que éstos simbolizan a todos los salvos. En el texto de esta lección, se nos dice que la multitud está compuesta de los redimidos de “todas naciones” (vea el verso 9) —no dice que “de todas naciones excepto judíos”.

Ambos grupos estaban, por lo tanto, compuestos de toda la gente salvada, ya fueran de procedencia judía o gentil.

 

Diferencia 2. Otros opinan que es significativo el hecho de que el primer grupo fue contado; mientras que el segundo no lo fue. Observe, sin embargo, que lo que Juan vio fueron dos vastas multitudes. Él no contó el primer grupo; sino que oyó el número de los que formaban parte de él. (Una vez en cierta convención de mi congregación fue imposible para mí contar la gente que estaba en las gradas, pero que había más de 10.000.- presentes.) No hay duda de que el número de los 144 000 sellados de 7.4, no es literal, sino simbólico.

 

El hecho de que se mencione el total de una multitud y no el de la otra, no contradice en forma alguna la conclusión en el sentido de que los dos grupos son esencialmente el mismo.

 

EXPLICANDO LO ANTERIOR

 

Explico a continuación cómo combino las dos escenas del capítulo 7: Los versículos 1 al 8, hablan del sello que los cristianos recibieron con el fin de protegerlos para cuando los vientos de destrucción fueran desatados. Los 144 000 representan a todos los miembros de la iglesia —del pasado, del presente y del futuro. Todo cristiano es sellado y protegido. Esta situación lleva a preguntar: ¿Es suficiente y real la protección de

Dios? Fue precisamente para contestar la anterior pregunta que los versículos 9 al 17, se escribieron.

 

Dicen éstos que la multitud sobrevivió a “la gran tribulación” (vers.o 14). Los sellados no fueron destruidos por los vientos de devastación; ¡sino

que al final llegaron salvos y sanos a la presencia de Dios! Los 144 000 representan, entonces, al pueblo de Dios en momentos anteriores a la prueba, y la vasta multitud lo representa en momentos posteriores, cuando ya se encuentran victoriosos y triunfantes.

 

Ya expliqué anteriormente que cuando se refiere a la “gran tribulación”, es imposible que se estuviera refiriendo a las 3 años ½ de los cuales se piensa se desatarán los juicios de Dios, dado que según la doctrina de la “Grande Tribulación” será casi imposible para los gentiles ser salvos en este tiempo, y por lo cual, la GRAN MULTITUD no pudo salir de este periodo tan corto.

 

Cuando los cristianos primitivos leían el capítulo 7, esto es lo que les decía: “Cuando se enfrenten con Roma, Dios va a estar con ustedes y los protegerá. Aunque Roma les dé muerte, ¡la única consecuencia será que ustedes marcharán a la presencia del Señor!”. Cuando leemos este pasaje, se nos promete que por más problemas que tengamos en esta vida, ¡el día de mañana será más brillante!

 

¡¡Gloria a Jesucristo!!

 

 

 

Siga leyendo, siga calificando también el estudio… y hágase parte también de este Blog… en la parte superior del Blog hay un espacio para que ponga su correo electrónico y le lleguen los estudios directamente a su correo.

 

Dios le bendiga,

 

Pr. Jorge E. Pino Valenzuela.

Diplomado en Teología

Noviembre 2011.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¡¡ENTRE LOS ANGELES Y LOS HOMBRES... PREFIRIÓ A LOS HOMBRES!! YA NO TEMO A LA MUERTE.

Así que,  por cuanto los hijos participaron de carne y sangre,  él también participó de lo mismo,  para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte,  esto es,  al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.  Porque ciertamente no socorrió a los ángeles,  sino que socorrió a la descendencia de Abraham.  Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos,  para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere,  para expiar los pecados del pueblo.  Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado,  es poderoso para socorrer a los que son tentados.

 

(Hebreos 2:14-18 RV60)

 

 

 

 

Los ángeles cayeron y quedaron sin esperanza ni socorro. Cristo nunca concibió ser el Salvador de los ángeles caídos, por tanto, no asumió la naturaleza de ellos; la naturaleza de los ángeles no podía ser sacrificio expiatorio por el pecado del hombre.

 

Aquí hay un precio pagado, suficiente para todos, y apto para todos, porque fue en nuestra naturaleza. Aquí se demuestra el amor maravilloso de Dios, porque cuando Cristo supo lo que debía sufrir en nuestra naturaleza y cómo debía morir en ella, la asumió prestamente.

 

La expiación dio lugar a la liberación de su pueblo de la esclavitud de Satanás, y al perdón de sus pecados por la fe y la obediencia a lo establecido en las Sagradas Escrituras.

 

Los que temen la muerte y se esfuerzan por sacar lo mejor de sus terrores, no sigan intentando superarlos o ahogarlos, que no sigan siendo negligentes o se hagan malos por la desesperación. No esperen ayuda del mundo ni de los artificios humanos, pero busquen el perdón, la paz, la gracia y la esperanza viva del cielo por fe en el que murió y resucitó, para que así puedan superar el temor a la muerte.

 

El recuerdo de sus tristezas y tentaciones hace que Cristo se interese por las pruebas de su pueblo y esté listo para ayudarles. Él está pronto y dispuestos a socorrer a quienes son tentados y le buscan.

 

DIOS Y NO OTRO… Se hizo hombre, y fue tentado, para que fuera apto en toda forma para socorrer a su pueblo, habiendo pasado Él por las mismas tentaciones, pero siguiendo perfectamente libre de pecado.

 

Entonces, que el afligido y el tentado no desesperen ni den lugar a Satanás, como si las tentaciones hicieran que fuese malo acudir en oración al Señor.

 

Ningún alma pereció jamás siendo tentada si, desde su verdadera alarma por el peligro, clamó al Señor con fe y esperanza de alivio.

 

Este es nuestro deber en cuanto somos sorprendidos por las tentaciones y queremos detener su avance, lo que es nuestra sabiduría.

 

jueves, 3 de noviembre de 2011

MENSAJE DE TRIBULACION, TRIBULACIONES Y GRANDES TRIBULACIONES 001

MENSAJE DE TRIBULACION, TRIBULACIONES Y GRANDES TRIBULACIONES

 

Gracia y Paz a los santos repartidos por todo el mundo… en el Nombre Hermoso de Jesucristo, Dios Manifestado en Carne. (1 Timoteo 3:16)

 

Aquí nuevamente introduciéndonos en un estudio bíblico, en esta ocasión particular de Apocalipsis 7:9-17. Debo reconocer que este libro es, a mi opinión, uno de los más complicados que existe en la Biblia. A esto debo añadir, que mi posición particular es que el libro de Revelaciones tiene un simbolismo particular que no se da en ningún otro libro de la Biblia.

 

No termina allí el problema de la interpretación del libro, sino que añadido a todo lo anterior, la palabra “pronto” [1:1; 2:5; 2:16; 3:11; 11:14; 22:6-7 y 12] aparece a lo menos 8 veces en todo el libro, particularmente, cuando esta palabra tiene un sentido de urgencia, como algo inminente… y no podría ser de otra forma para consolar a los que estaban siendo afligidos en ese momento importante de la historia de la Iglesia (se imagina que Juan les escribiera diciéndoles que en dos mil años más iban a ser ayudados por Dios).

 

Lo que siempre me ha hecho entender esta urgencia, es que la profecía tiene un doble propósito, uno inmediato para dar consuelo a los hermanos del primer siglo, cuando fue escrito por Juan, y uno más profundo y oscuro, para servir en todas las edades en que los cristianos han necesitado ser afirmados en la Palabra de Dios… sin duda, el libro también tiene un tercer propósito y es hablarnos en parte de los acontecimientos futuros… pero para una interpretación correcta, es SIEMPRE importante considerar estos tres aspectos de la profecía, sobre todo con un libro tan lleno de símbolos y significados oscuros.

 

Hecha esta aclaración, en oración introduzcámonos en este pasaje bíblico, que a petición de un hermano en FACEBOOK, he decidido estudiar y presentar en el Blog… Para esto, cito el pasaje principal de estudio y luego dos pasajes, que a mi entender, está muy relacionados (verifique los colores, con los cuales quise relacionar los pasajes).

 

“Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero.  Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono, y de los ancianos y de los cuatro seres vivientes; y se postraron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios,  diciendo: Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Entonces uno de los ancianos habló, diciéndome: Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido?  Yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero.  Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos.   Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno; porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos.”

(Apocalipsis 7:9-17 RV1960)

 

Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más.  Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.  Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.  Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. (Apocalipsis 21:1-5 RV1960)

 

Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero.  En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán,  y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes.  No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos.(Apocalipsis 22:1-5 RV1960)

 

 

No hace muchos días, un hermano, por medio de la red social Facebook, me hizo una pregunta, para la cual, no tenía una respuesta inmediata. Luego de varios días, de estudio y oración al Señor, me dispongo a responderle. Tal vez, no sea la respuesta que estaba buscando, pero creo, que el fundamento bíblico que le presentaré, traerá, a lo menos, luz a la interpretación del texto y su significado original.

 

Apocalipsis 7:9–17, presenta, a mi entender uno de los más maravillosos retratos del estado celestial de los creyentes, que se puede encontrar en todas las Escrituras y un cuadro hermoso de lo que los cristianos de todas las épocas vivirán por la eternidad.

 

Si se examinan las palabras, las frases y las figuras de estos versos, encontraremos que constituyen para esta y todas las edades un refugio a los creyentes perseguidos, gozo para los angustiados y el hermoso final de la carrera para los que inagotablemente han corrido sin desmayar.

 

NO debemos olvidar que estos versículos fueron escritos con el propósito de consolar a cristianos del siglo I que estaban siendo enfrentados con la muerte y que también cumplen con el propósito de dar aliento a los cristianos de hoy día. TODO apocalipsis tiene este doble propósito, la palabra “pronto”, no podría significar dos mil años más para los siervos de Dios en el siglo primero.

 

 La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan,

(Apoc. 1:1 RV1960)

 

Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto. !He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.  

(Apoc. 22:6-7 RV1960)

 

Un breve estudio de esta palabra, confirmará que el sentido es de urgencia, como cuando Pablo pidió a su hijo en la fe que lo viniera a ver “pronto”.

 

“Procura venir pronto a verme” (2Ti 4:9 RV1960).

 

IDENTIFICANDO LA MULTITUD

(Versos 9, 11 y 14)

 

El pasaje comienza presentando un cuadro en el que se mira a los redimidos alrededor del trono: “Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos” (verso 9). La versión Inglesa KJV añade que “ningún hombre” podía contar. Esto sin duda, significa que el número es tan elevado que sólo Dios es capaz de saber cuántos son.  Algo que apoya definitivamente que NO SÓLO es un pequeño grupito que saldrá de un tiempo limitado (me estoy refiriendo a la Gran Tribulación), sino que es un número que ha ido formándose a través de mucho tiempo. (Luego profundizaremos en esto).

 

El versículo 11 en su primera parte, dice que “todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono, y de los ancianos y de los cuatro seres vivientes. Esta es la escena del trono que se presentó en el capítulo 4 y que sigue siendo el escenario donde se realiza toda esta actividad.

 

Si usted estudia el pasaje completo desde el capitulo 4 en adelante llegará a ver en esta sección cómo el círculo se ha completado: comenzado en el capítulo 4, con una descripción del trono, a la cual se añadieron los ancianos y los seres vivientes. En el capítulo 5, entraron en escena el Cordero y los ángeles. Ahora, en el capítulo 7, vemos que una innumerable multitud colma la sala del trono.

 

¿Quiénes eran esa multitud?... responderemos en el siguiente texto esta pregunta…!!

 

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Dios le bendiga,

 

Pr. Jorge E. Pino Valenzuela.

Noviembre 2011.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DIOS NUESTRO PROTECTOR

Ten compasión de mí, Dios mío,  ten compasión de mí,  pues en ti busco protección.  Quiero protegerme debajo de tus alas hasta que el peligro haya pasado.

Voy a clamar al Dios altísimo, al Dios que en todo me ayuda.   Él enviará desde el cielo  su amor y su verdad,  y me salvará de quienes con rabia me persiguen.

Tendido estoy, por el suelo, entre leones que se comen a la gente;  sus dientes son como lanzas y flechas,  su lengua es una espada afilada.

Dios mío, tú estás por encima  del cielo.  ¡Tu gloria llena toda la tierra!   Mis enemigos me pusieron una trampa  para doblegar mi ánimo;  hicieron un hoyo a mi paso,  pero ellos mismos cayeron en él.

(Salmo 57:1-6 Dios Habla Hoy)

 

 

 

 

David depende totalmente de Dios.

 

Los creyentes más eminentes deben repetir frecuentemente la oración del publicano: “Dios, sé propicio a mí, pecador”. Pero si nuestras almas confían en el Señor, eso nos asegura, cuando estamos en peligro extremo, que nuestras calamidades serán superadas, y mientras tanto, por la fe y la oración debemos refugiarnos en Él.

 

Aunque Dios es el Altísimo, condesciende al punto de preocuparse que todas las cosas ayuden a bien a su pueblo. Esta es una buena razón de por qué debemos orar fervorosamente.

 

Adonde quiera que miremos en esta tierra, el refugio falla, y no hay ayuda, pero podemos esperarla del cielo. Si hemos huido de la ira venidera a Jesucristo, el que hizo todo lo necesario para comprar la salvación de su pueblo, hará por nosotros y en nosotros todas las cosas necesarias para que las disfrutemos.

 

David se desanimó pensando que habría quienes le tenían muy mala voluntad. Pero la maldad que ellos maquinaron en su contra, se volvió contra ellos mismos.

 

Cuando estaba en la mayor angustia y desgracia, David no oró: Señor, exáltame, sino, Señor, exalta tu nombre. Nuestro mejor aliento al orar lo tomamos de la gloria de Dios, y en todas nuestras peticiones de misericordia debemos considerar eso más que nuestro propio consuelo.

 

Pastor Jorge E. Pino Valenzuela

Noviembre 2011

 

viernes, 28 de octubre de 2011

EL LUGAR DONDE ESTAN LOS MUERTOS 004 y FINAL

DERRIBANDO FALSAS ENSEÑANZAS RESPECTO A LA MUERTE

 

 

 

EL LUGAR DONDE ESTAN LOS MUERTOS

 

“Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. Respondiendo el otro, le reprendió diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:39–43).

 

 

 

Existen varios conceptos erróneos acerca de la condición de los muertos.

 

El primero es que “las almas de los muertos transmigrarán y regresarán en otros cuerpos humanos, en animales, o en objetos físicos”. Nosotros no regresamos a la tierra para morir una y otra vez. Esta idea violenta algunas enseñanzas de las Escrituras tales como Hebreos 9:27: “Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y

después de esto el juicio”. En lo que respecta a los muertos esto es lo que está escrito: “Y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol” (Eclesiastés 9:6). Una vida en la tierra es todo lo que tendremos; después entraremos a la esfera de lo espiritual para nunca más tener existencia terrenal.

 

 

Otro concepto erróneo es que “el alma dormirá o dejará de existir hasta la resurrección de los muertos”. Aunque la palabra “dormir” es usada en lo que respecta a los muertos en Juan 11:11–13 y en 1 Tesalonicenses 4:14–15, tal uso es sólo con el fin de describir la apariencia y condición del cuerpo. La palabra “dormir” es una metáfora que se usa como una forma de dar certeza en el sentido de que la muerte del cuerpo no es el fin, sino que la vida continúa después de la muerte, así como la persona que duerme continúa teniendo vida.

 

Los que hacen uso de Eclesiastés 9:5–6 para alegar que los muertos no saben nada porque duermen, o porque no existen, están aplicando mal el pasaje. El escritor estaba comentando sólo la relación de los muertos con esta vida. Los muertos no saben lo que está ocurriendo aquí y no pueden recibir recompensas terrenales. Ellos sí saben lo

que está sucediendo en el lugar en el cual se encuentran, y participarán de las cosas del mundo invisible de los muertos (Lucas 16:19–31). Serán recompensados o castigados después de que esta vida termine (2 Corintios 5:10; Mateo 25:46).

 

Un tercer concepto erróneo es que “los muertos pueden comunicarse con los vivos y que los vivos pueden comunicarse con los muertos a través de un médium”. Esto es espiritualismo o espiritismo. Los que actúan como médiums son severamente condenados en la Biblia. A Lázaro no se le permitió regresar a hablar con los hermanos del hombre rico (Lucas 16:27–31). Los muertos no tienen conocimiento acerca de lo sucede aquí y no participan más de nada de lo que sucede en la tierra.

 

Otro concepto erróneo es que “orando a los muertos, a los ‘santos’, o a otros, podemos recibir ayuda de ellos”. Jesús es nuestro socorro (Hebreos 4:15–16) y nuestro único mediador (1 Timoteo 2:5), no alguien que haya muerto. Dado que él fue como nosotros somos, él puede compadecerse de nuestras debilidades y puede darnos la ayuda que necesitamos (Hebreos 2:17–18; 4:15–16).

 

Todavía otro concepto erróneo es que “habrá una segunda oportunidad para salvación después de esta vida”. Jesús señaló que, más allá de esta vida, una sima está puesta entre los impíos y los justos. Nadie puede pasarse de una esfera a la otra. El juicio que se nos hará se basará en la obras que hayamos hecho mientras estuvimos en el cuerpo

(2 Corintios 5:10). Debido a esto, nuestros destinos estarán sellados una vez que abandonemos nuestros cuerpos. Los que mueren en sus pecados no pueden estar con Jesús (Juan 8:21). Por lo tanto, “he aquí ahora el día de salvación” (2 Corintios 6:2).

 

También existe el mal concepto del purgatorio, en el sentido de que “después de la muerte, las almas van al purgatorio hasta el día del juicio”.  Según esta doctrina, aunque los pecados sean perdonados, el castigo temporal debe ser sufrido para que el pecador pueda recibir completa retribución por sus pecados y merecer ir al cielo. La idea es que si no se sufrió lo suficiente en esta vida, entonces el pecador sufrirá en el purgatorio. El tiempo, y el grado de castigo, se dice que han de ser determinados por el grado de culpa de uno. Las buenas obras, las indulgencias de diferente tipo, y la ayuda de los “santos” y de otros, se cree que acortarán la permanencia del alma en el purgatorio.

 

La doctrina del purgatorio no se encuentra, ni en el Antiguo, ni en el Nuevo Testamento, pero se basa en una expresión de los Apócrifos, una sección de la Biblia Católica Romana que no alega ser inspirada y que es rechazada como inspirada por casi todo mundo excepto los católicos romanos. En el pasaje se lee como sigue: “Es, por lo tanto, una idea santa y sana el orar por los muertos, para que puedan ser liberados de sus pecados” (2 Macabeos 12:46).

 

Un teólogo católico romano definió el purgatorio como “el estado y lugar de castigo, donde el castigo temporal, por los pecados previamente perdonados, debe ser sufrido, y la culpa por los pecados veniales, de los que no ha habido arrepentimiento, es quitada del alma de la persona que muere en el estado de gracia; el lugar de limpieza y preparación del cual el alma va directo al cielo”.

 

Esta doctrina le resta a la suficiencia del sufrimiento y de la muerte de Jesús en la cruz (1 Pedro 1:18–20), y hacen necesarios las buenas obras y el mérito y el sufrimiento

humanos para poder entrar al cielo —una enseñanza que la Biblia refuta (Efesios 2:8; Tito 3:5). Esta enseñanza también contradice la enseñanza de Jesús acerca de la sima que está en el Hades, la cual no puede ser traspasada (Lucas 16:22–26).

 

 

Un sétimo concepto erróneo es que el “bautismo se le puede administrar a una persona viviente a favor de una que ha muerto”. Esta doctrina se basa principalmente en 1 Corintios 15:29, el cual es un pasaje difícil: “De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos?”. En este contexto, Pablo estaba presentando argumentos respecto a la resurrección. Estaba mostrando la manera como algunos creían en la vida después de la muerte. Si hubiera estado refiriéndose a la práctica de bautizarse por los que habían muerto, eso no quiere decir que estaba aprobando tal práctica, sino que, tan sólo se refirió a la creencia de ellos en la vida más allá del sepulcro. La Biblia no ofrece ninguna esperanza para los que mueren en sus pecados, más bien, señala que no pueden ir al cielo (Juan 8:21). Reiterando lo dicho, debemos notar que la sima entre los justos y los impíos no puede ser traspasada.

 

Otro concepto erróneo es que “los seres queridos fallecidos están viendo lo que estamos haciendo”. Hay quienes temen que su conducta terrenal pueda causarles preocupación y asombro a sus seres queridos que se han ido. Es por esta razón que tratan de hablarles y tratan de hacer lo que creen que ha de agradarles. No obstante, los muertos ya no saben nada más de lo que está ocurriendo en la tierra.

 

Un último concepto erróneo es que no habrá necesidad de un juicio. El argumento es que “si los impíos y los justos están separados en el Hades, entonces no hay necesidad de que haya un día del juicio”. Jesús ya sabe quiénes son los suyos (Juan 10:14, 27; 2 Timoteo 2:19). El día del juicio, Jesús no se va a estar preguntando si deberíamos ir al cielo o al infierno. En ese momento, Jesús pronunciará nuestras sentencias y después verificará los registros con nosotros (Mateo 25:31–46).

 

 

UN RESUMEN PARA TERMINAR EL ESTUDIO

 

Los que han muerto son ahora almas incorpóreas que esperan en el Hades, ya sea en el paraíso o en el tártaro. Una sima está puesta entre estos dos, de manera que los muertos deben permanecer donde se encuentran hasta que suceda la resurrección de los muertos. Hasta la fecha, ninguno ha ascendido al cielo (Hechos 2:34), ni descendido al castigo final (lago de fuego, o segunda muerte según Apocalipsis).

 

Preparémonos para morir y entrar a este estado intermedio mientras todavía haya tiempo (2 Corintios 6:2).

 

 

Jorge E. Pino Valenzuela

Pastor Evangelista…

jueves, 27 de octubre de 2011

EL LUGAR DONDE ESTAN LOS MUERTOS 003

 

 

EL LUGAR DONDE ESTAN LOS MUERTOS

 

“Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. Respondiendo el otro, le reprendió diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:39–43).

 

 

PARAISO Y TARTAROS, LOS DOS LUGARES DEL HADES

 

 

El paraíso

El Hades se divide en dos secciones separadas (Lucas 16:26). Una de estas es el paraíso, y la otra es el tártaro.

 

Jesús le dio certeza al ladrón en la cruz con las siguientes palabras: “De cierto, de cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). La palabra “Paraíso” (del griego paradeisos) significa “parque”, un lugar de belleza y consuelo (tal vez estos textos se refieran al mismo lugar 2 Corintios 12:1– 4; Apocalipsis 2:7) o, como en este caso, a un lugar al cual los muertos justos van. Aunque el cuerpo de Jesús fue puesto en el sepulcro (Lucas 23:52–53), su alma fue al Hades (Hechos 2:27, 31). Jesús no ascendió al cielo al morir, esto es lo que evidencian las palabras que le dijo a María Magdalena: “No me toques, porque aún no he subido a mi Padre” (Juan 20:17).

 

De lo anterior podemos concluir que cuando Jesús y el ladrón en la cruz murieron, ambos fueron a la sección del Hades llamada paraíso, un lugar de descanso y belleza.

Del “seno de Abraham”, de Lucas 16:22, se debe pensar que es sinónimo de paraíso. Los justos van al paraíso cuando mueren. La expresión “seno de Abraham” indica  sencillamente el amor que Abraham tenía por Lázaro.

 

Natán, el profeta, habló de un hombre pobre cuya corderita dormía en su seno (2 Samuel 12:3), con lo que mostraba su amor y su cuidado por la corderita. El discípulo a quien Jesús amaba se recostó en el seno, o al lado de Jesús (Juan 13:23), una señal del amor de Jesús por tal discípulo. De Jesús se dice que él está en el seno del Padre (Juan 1:18), una expresión que no debemos tomar literalmente (eso sería politeísmo), sino de la relación entre la manifestación de Dios como Padre y como Hijo.

 

El rico no era amado ni honrado por Abraham, como muchos judíos lo esperaban; en lugar de éste fue el pobre Lázaro el que recibió la aceptación por parte de Abraham.

 

El tártaro

Una “gran sima” que hay en el Hades divide el paraíso del tártaro, el lugar de tormento y de dolor. La palabra tartaros, del griego, la cual, desafortunadamente, se tradujo como “infierno” en la Reina-Valera, aparece sólo una vez en el Nuevo Testamento: “Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno [tártaros] los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio:…” (2 Pedro 2:4).

 

Los ángeles impíos van a estar allí, pero puede ser que ellos sean trasladados al “fuego eterno”, donde los injustos serán castigados junto con ellos (Mateo 25:41). Los espíritus de los muertos desobedientes están encarcelados allí (1 Pedro 3:19–20). A través de su espíritu (1 Pedro 1:11) en Noé, cuya boca él usó (2 Pedro 2:5), Jesús  predicó a algunos de ellos en los días de Noé. Como ellos rechazaron el mensaje, sus espíritus fueron encarcelados en el tártaro, donde estaban en el momento en que Pedro

escribió su segunda carta. Esta parte del Seol es mencionada en el cántico de Moisés: “Porque fuego se ha encendido en mi ira, y arderá hasta las profundidades del Seol” en Deuteronomio 32:22.

 

El tártaro es la parte baja del Seol.

 

El esquema debe ser el siguiente:

 

 

EL HADES O SEOL:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Jorge E. Pino Valenzuela

Pastor Evangelista…

EL LUGAR DONDE ESTAN LOS MUERTOS 002

 

 

EL LUGAR DONDE ESTAN LOS MUERTOS

 

“Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. Respondiendo el otro, le reprendió diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:39–43).

 

PROFUNDIZANDO EN EL CONCEPTO DE HADES.

 

Al hablar sobre Lázaro y el rico, es importante destacar, que al no ser una parábola, podemos extraer un cuadro muy vívido del Hades (Lucas 16:19–31).

 

Había un hombre rico,  que se vestía de púrpura y de lino fino,  y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro,  que estaba echado a la puerta de aquél,  lleno de llagas,  y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico;  y aun los perros venían y le lamían las llagas.  Aconteció que murió el mendigo,  y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham;  y murió también el rico,  y fue sepultado.  Y en el Hades alzó sus ojos,  estando en tormentos,  y vio de lejos a Abraham,  y a Lázaro en su seno.  Entonces él,  dando voces,  dijo:  Padre Abraham,  ten misericordia de mí,  y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua,  y refresque mi lengua;  porque estoy atormentado en esta llama.  Pero Abraham le dijo:  Hijo,  acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida,  y Lázaro también males;  pero ahora éste es consolado aquí,  y tú atormentado. Además de todo esto,  una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros,  de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros,  no pueden,  ni de allá pasar acá.  Entonces le dijo:  Te ruego,  pues,  padre,  que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos,  para que les testifique,  a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento.  Y Abraham le dijo:  A Moisés y a los profetas tienen;  óiganlos.  El entonces dijo:  No,  padre Abraham;  pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos,  se arrepentirán.  Mas Abraham le dijo:  Si no oyen a Moisés y a los profetas,  tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos.(Lucas 16:19-31 RV60)

 

Todo este relato indica que Jesús se refería a un evento que verdaderamente ocurrió. En muchos casos cuando Jesús contó parábolas, él indicaba que eran parábolas por medio de expresar que el tema a tratar era “semejante” a otra cosa. En otros casos, cuando contó parábolas, no hizo uso de palabras de comparación para indicar que estaba contando una parábola; pero el contexto reveló que se trataba de una parábola.

 

 Las parábolas que Jesús contó siempre se basaron en eventos que podían ocurrir. Nunca incluyó nada que fuera contrario a la realidad, que no pudiera ser cierto, a menos que lo que dijo acerca de Lázaro y el rico fuera la excepción. Por esta razón, deberíamos aceptar el relato acerca de Lázaro como un evento real, o por lo menos como una ilustración que hace uso de cosas que podrían suceder.

 

La palabra tis, del griego, la cual se traduce como “un”, es usada para referirse tanto al rico como a Lázaro en los versos 19 y 20 respectivamente. Tis se usa consistentemente para referirse a personas específicas y conocidas. Una muestra de los escritos de Lucas, por sí sola, prueba que esto es cierto (y para eso, basta que lea algunos textos como por ejemplo Lucas 1:5; 12:16; 13:6; 14:1–2; 15:11; etc.)  Jesús estaba hablando de dos personas que realmente existieron.

 

Si ésta no hubiera sido su intención, no hubiera usado la palabra Tis cuando se refirió a ambos hombres. El mencionar a Lázaro por su nombre es también una indicación significativa en el sentido de que Jesús se estaba refiriendo a una persona real. De hecho, esta es la única parábola en la cual realmente se menciona a alguien por nombre.

 

De manera que, según un examen de este relato, podemos hallar algunas respuestas a ciertas preguntas concernientes al Hades, yo por lo menos encuentro 10 afirmaciones que podemos hacer al analizar el texto... tal vez usted pueda ver más.

 

1) Tanto los justos como los impíos van al Hades. El rico y Lázaro fueron allí.

2) Los impíos son atormentados, y no hay alivio disponible para los que están siendo castigados.

3) Los justos están en un lugar de consuelo.

4) Todos retienen su identidad, y cada uno recuerda lo que sucedió en la tierra.

5) Todos están conscientes de lo que les rodea.

6) Los impíos están separados de los justos por medio de una “gran sima” [un abismo, no una montaña], y ésta impide que los justos y los impíos puedan pasarse de un lado a otro.

7) Todos pueden comunicarse con los demás.

8) Todo mundo es reconocible en la esfera de lo incorpóreo.

9) Hay gente todavía viviendo en la tierra. Los hermanos del rico todavía estaban vivos sobre la tierra.

10) Nadie puede regresar a, ni comunicarse con, los vivientes.

 

El hades está dividido en dos secciones… que pronto observaremos…

 

Dios les bendiga!!!

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Jorge E. Pino Valenzuela

Pastor Evangelista…